01/08/2026

82° Aniversario del Levantamiento de Varsovia de 1944

Actualidad

El 1 de agosto de 1944, a las 17:00, la hora conocida como “Godzina W” —la Hora W—, Varsovia se levantó contra la ocupación alemana. Comenzaba así uno de los episodios más dramáticos sangrientos y heroicos de la historia de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial: el Powstanie Warszawskie, el Levantamiento de Varsovia.

La decisión de iniciar la insurrección no fue producto de una única causa. Fue consecuencia de una combinación de factores políticos, militares y nacionales:

  1. La proximidad del Ejército Rojo

En el verano de 1944, las fuerzas soviéticas avanzaban hacia el oeste y se encontraban cada vez más cerca de Varsovia. Para el mando polaco, la llegada de los soviéticos planteaba un dilema: liberar la capital antes de su entrada o permitir que el Ejército Rojo apareciera ante el mundo como el único liberador de Varsovia.

  • La voluntad de demostrar la soberanía polaca

El Gobierno polaco en el exilio, establecido en Londres, pretendía que el Armia Krajowa (AK) —Ejército Nacional— y las estructuras del Estado clandestino polaco fueran las autoridades legítimas que liberaran la capital. El levantamiento debía ser, por lo tanto, no solamente una operación militar, sino también una demostración política de que Polonia poseía un Estado propio y no aceptaba que su futuro fuese decidido por Moscú.

  • Cinco años de ocupación alemana

Desde septiembre de 1939, la población polaca había sufrido ejecuciones, deportaciones, trabajos forzados, detenciones, persecuciones y una política sistemática destinada a destruir las instituciones y la cultura nacionales. Varsovia había sido sometida a un régimen de terror permanente. La insurrección fue también la expresión acumulada de una sociedad que llevaba cinco años esperando el momento de combatir abiertamente.

  • El temor a una nueva dominación soviética

Para los dirigentes polacos, la derrota de Alemania no significaba automáticamente la recuperación de una Polonia plenamente independiente.

La experiencia de la invasión soviética de septiembre de 1939 y, posteriormente, la suerte sufrida por los polacos en los territorios ocupados por el Ejército Rojo: deportaciones a Siberia y Masacre de Katyn alimentaba el temor de que la liberación alemana fuera seguida por la subordinación política a Stalin.

En esas circunstancias, el mando de la resistencia consideró que había llegado el momento de jugar una carta decisiva. La apuesta era extraordinariamente arriesgada: liberar Varsovia antes de que los soviéticos ocuparan la ciudad y conseguir que la bandera polaca volviera a ondear sobre la capital independiente.

El comienzo de la insurrección

A las cinco de la tarde del 1 de agosto de 1944, miles de combatientes del Ejército Nacional atacaron posiciones alemanas en distintos puntos de Varsovia.

Los insurgentes contaban con una enorme ventaja moral y con el apoyo de la población, pero padecían una desventaja militar decisiva: escaseaban las armas, las municiones, la artillería pesada y los medios de transporte.

Los primeros días estuvieron marcados por importantes éxitos. Los polacos consiguieron controlar amplias zonas de la ciudad y levantaron barricadas que transformaron las calles en líneas defensivas. Durante un breve período, Varsovia pareció estar recuperando su libertad.

Pero el Ejército alemán reaccionó rápidamente.

La respuesta alemana fue brutal. La orden de Hitler no consistía simplemente en recuperar las posiciones perdidas, sino en castigar a la población y aplastar la resistencia mediante el terror. En los primeros días de agosto se produjeron las grandes matanzas de Wola y Ochota, donde decenas de miles de civiles fueron asesinados.

La población civil pagaría un precio terrible. Hombres, mujeres, ancianos y niños quedaron atrapados en una ciudad convertida en campo de batalla. Los hospitales fueron atacados; las viviendas incendiadas; las comunicaciones quedaron destruidas y los alimentos comenzaron a escasear.

Sesenta y tres días de resistencia

A pesar de la superioridad alemana, la resistencia polaca no se derrumbó.

Los insurgentes utilizaron las alcantarillas para trasladarse entre sectores, transportar mensajes, evacuar heridos y mantener las comunicaciones. La lucha adquirió características de combate urbano extremo: cada edificio podía transformarse en una fortaleza y cada calle, en una línea de frente.

Uno de los episodios más importantes se desarrolló en Stare Miasto —la Ciudad Vieja—, donde los insurgentes resistieron durante semanas frente a fuerzas alemanas muy superiores.

Otro de los principales escenarios de combate fue Mokotów, cuya resistencia fue documentada de manera particularmente detallada por Eugeniusz Ajewski, combatiente del regimiento “Baszta”. Su obra Mokotów walczy 1944 constituye un testimonio fundamental para comprender la lucha en ese sector de Varsovia y la experiencia concreta de los soldados de la resistencia.

La situación militar de los polacos se agravaba día tras día. Las esperadas ayudas exteriores resultaron insuficientes. El problema más dramático fue la imposibilidad de establecer una cooperación efectiva con el Ejército Rojo, que había alcanzado las proximidades de Varsovia, pero no proporcionó la ayuda militar que los insurgentes esperaban.

La cuestión soviética se convirtió así en uno de los elementos centrales de la tragedia.

Norman Davies analiza el levantamiento no solamente como una batalla entre polacos y alemanes, sino también dentro del complejo enfrentamiento político entre Polonia, Alemania, la Unión Soviética y los aliados occidentales. La tragedia de Varsovia fue, en ese sentido, también una tragedia de la coalición aliada y de los intereses contrapuestos que determinarían el destino de Europa Central después de la guerra.

La capitulación

Durante septiembre, la situación de los insurgentes se volvió desesperada. La falta de alimentos, medicamentos, municiones y armas pesadas hacía imposible una victoria militar.

Sin embargo, la resistencia continuó.

Finalmente, después de 63 días de combates, el 2 de octubre de 1944, los representantes polacos firmaron la capitulación.

Los combatientes del Ejército Nacional fueron enviados a campos de prisioneros de guerra. La población civil, expulsada de Varsovia, fue enviada hacia distintos lugares, mientras la capital quedaba prácticamente vacía.

Pero la capitulación militar no significó el final de la destrucción.

Para los alemanes comenzaba ahora otra fase de la operación: la eliminación sistemática de Varsovia.

Epílogo: Hitler orden la destrucción de la ciudad.

La destrucción de Varsovia constituye uno de los aspectos más estremecedores del Levantamiento de 1944.

Después de la capitulación, unidades alemanas especializadas comenzaron una operación metódica de demolición. Edificio por edificio, calle por calle, manzana por manzana, Varsovia fue incendiada y volada con explosivos.

No se trataba simplemente de destruir instalaciones militares. Los alemanes atacaron deliberadamente edificios históricos, iglesias, bibliotecas, palacios, monumentos y centros de la cultura polaca. El objetivo era borrar las huellas materiales de la capital y quebrar aquello que representaba la continuidad histórica de la nación polaca.

La escala de la destrucción fue gigantesca: más del 80 % de la edificación de Varsovia terminó destruida. La capital quedó convertida en un inmenso campo de ruinas.

En este punto aparece uno de los aspectos más terribles registrados por Norman Davies. La voluntad de destrucción llegó hasta el extremo de que Hitler habría expresado su intención de “convertir Varsovia en un lago”, una imagen que sintetiza la dimensión de la política alemana hacia la ciudad. Davies sitúa esta amenaza en el contexto de la decisión nazi de borrar Varsovia como centro político y nacional polaco.

El propósito no era únicamente vencer a los insurgentes. Era destruir la ciudad que simbolizaba a Polonia.

Cuando el Ejército Rojo entró finalmente en Varsovia en enero de 1945, encontró una capital prácticamente muerta. Los alemanes habían dejado atrás una ciudad devastada, con enormes extensiones reducidas a escombros.

Y, sin embargo, la historia no terminó allí.

Varsovia sería reconstruida. Sus habitantes regresarían. El casco histórico sería levantado nuevamente piedra por piedra, utilizando planos, fotografías y documentos conservados antes de la guerra.

Por eso, el significado histórico del Levantamiento de Varsovia de 1944 no puede reducirse a su derrota militar. Los insurgentes no consiguieron alcanzar su objetivo inmediato: liberar la capital antes de la llegada soviética. Pero su resistencia se convirtió en uno de los grandes símbolos de la lucha polaca por la independencia.

Los alemanes pudieron destruir la ciudad, pero no consiguieron destruir la idea de Polonia.

Varsovia volvió a levantarse de sus ruinas. Y esa reconstrucción constituye, en sí misma, la última victoria de quienes durante 63 días combatieron bajo la bandera blanca y roja.

Imágenes:

  1. Patrulla Polaca durante los primeros días del Levantamiento.
  2. Un proyectil alemán impacta en el edificio Prudential.
  3. Una de las últimas imágenes del Levantamiento, mi padre Stanislaw Chowanczak es conducido a un campo de prisioneros de guerra.

Bibliografía:

AJewski, Eugeniusz. Mokotów walczy 1944. Zbiór dokumentacji dotyczącej Powstania Warszawskiego na Mokotowie. Varsovia: Środowisko Żołnierzy AK „Baszta”, 1990. ISBN 83-11-07078-4.

Bartoszewski, Władysław. 1859 dni Warszawy. Cracovia: Wydawnictwo Znak, 2008, edición tercera, revisada y ampliada sin censura. ISBN 978-83-240-1057-8.

Davies, Norman. Rising ’44: The Battle for Warsaw. Nueva York: Viking, 2004. ISBN 0-670-03284-0 / 978-0-670-03284-6.

Andrés Chowanczak

Embajador de la Historia Polaca