La puñalada trapera
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17 de septiembre de 1939: cuando Stalin atacó a Polonia por la espalda
El 1º de septiembre de 1939, la Alemania de Adolf Hitler invadió Polonia. Comenzaba así la Segunda Guerra Mundial en Europa. Durante más de dos semanas, el Ejército Polaco combatió contra una maquinaria militar alemana muy superior. La Wehrmacht había penetrado profundamente en territorio polaco, pero la campaña estaba lejos de haber terminado. La resistencia polaca continuaba siendo considerable y, en algunos sectores, el frente comenzaba a estabilizarse mientras las unidades polacas lograban reorganizarse.
Fue entonces cuando llegó el golpe inesperado.
El 17 de septiembre, mientras Polonia todavía combatía contra Alemania, la Unión Soviética invadió Polonia desde el este.
La agresión no fue una improvisación. Se encontraba vinculada al Pacto Ribbentrop-Mólotov, firmado el 23 de agosto de 1939 entre la Alemania nazi y la Unión Soviética. Su protocolo secreto establecía las respectivas zonas de influencia de ambos regímenes en Europa oriental y contemplaba el reparto del territorio polaco.
La invasión desde el este
La magnitud de la sorpresa fue enorme. En la madrugada del 17 de septiembre, el embajador polaco en Moscú, Wacław Grzybowski, fue convocado por las autoridades soviéticas. Allí recibió una nota en la que Moscú justificaba su intervención alegando el supuesto colapso del Estado polaco y la necesidad de proteger a las poblaciones ucraniana y bielorrusa. Grzybowski rechazó aceptar el documento. Poco después, el Ejército Rojo cruzó la frontera.
La operación había sido cuidadosamente preparada. Más de 600.000 soldados soviéticos, apoyados por importantes fuerzas blindadas y aéreas, penetraron en territorio de la Segunda República Polaca. Frente a ellos se encontraban, en muchos sectores, las unidades del Korpus Ochrony Pogranicza (KOP), Cuerpo de Defensa de Fronteras, una fuerza militarizada de elite encargada de custodiar la extensa frontera oriental.
La desproporción era enorme
Muchos puestos fronterizos polacos estaban defendidos por pequeños grupos de soldados, mientras que los soviéticos atacaban con unidades considerablemente superiores. Sin embargo, los hombres del KOP ofrecieron una resistencia encarnizada. En determinados lugares lograron mantener sus posiciones durante horas e incluso más tiempo antes de verse obligados a retirarse o ser aniquilados.
Los testimonios de aquellos combates describen escenas estremecedoras: columnas de soldados soviéticos avanzando hacia posiciones polacas defendidas por ametralladoras. Cuando alcanzaban la distancia eficaz, los defensores abrían fuego. Muchos atacantes caían bajo las ráfagas, pero detrás de ellos continuaban avanzando nuevas formaciones.
Paradójicamente, aquella enorme superioridad material no significaba necesariamente una superioridad equivalente en preparación y conducción militar.
Las purgas de Stalin
El Ejército Rojo llegaba a la campaña de Polonia después de haber sufrido una profunda depuración de sus cuadros de mando durante las grandes purgas estalinistas de la década de 1930.
Entre sus víctimas se encontraba el mariscal Mijaíl Tujachevski, ejecutado en junio de 1937 después de un proceso secreto. Tujachevski había sido uno de los principales pensadores militares soviéticos y uno de los impulsores de la doctrina de la “batalla en profundidad”, que tendría una influencia considerable en el desarrollo posterior del pensamiento operacional soviético.
Su ejecución fue seguida por una amplia purga de las Fuerzas Armadas. Miles de oficiales fueron ejecutados, encarcelados, expulsados o apartados de sus cargos. Como consecuencia, el Ejército Rojo conservaba una extraordinaria masa de hombres y material, pero había sufrido una importante pérdida de experiencia en sus cuadros de mando.
Esta circunstancia no explica por sí sola el desempeño soviético posterior: también fueron determinantes factores relacionados con la organización, la doctrina, el entrenamiento y la experiencia operacional. Pero las purgas habían dejado una profunda huella en las Fuerzas Armadas soviéticas.
De la invasión a la represión
La entrada del Ejército Rojo no significó simplemente la apertura de un nuevo frente. Significó el comienzo de la ocupación soviética de los territorios orientales de Polonia, que se prolongaría hasta 1941.
A la ocupación militar siguieron detenciones, deportaciones masivas, persecución política y represión de amplios sectores de la sociedad polaca. Centenares de miles de ciudadanos fueron deportados hacia el interior de la Unión Soviética.
Uno de los capítulos más trágicos de esta política fue la Zbrodnia Katyńska —Crimen de Katyń—, cometida en 1940 por el NKVD. Aproximadamente 22.000 ciudadanos polacos, entre ellos miles de oficiales del Ejército Polaco, policías, funcionarios y miembros de las élites sociales, fueron asesinados en distintos lugares de ejecución.
Entre ellos estuvo mi tío abuelo, el capitán Jerzy Bychowiec, comandante de compañía del 85.º Regimiento de Infantería y prisionero del campo de Kozielsk. La documentación conservada por el Instytut Pamięci Narodowej (IPN) confirma su cautiverio y su asesinato en Katyń.
Por eso, para mí, el 17 de septiembre no es solamente una fecha de la historia militar europea. Es también una fecha de memoria familiar.
Dos invasiones, un mismo destino
La invasión soviética completó la tragedia iniciada dieciséis días antes.
El 1.º de septiembre, Hitler había atacado Polonia desde el oeste.
El 17 de septiembre, Stalin lo hizo desde el este.
Polonia quedó atrapada entre dos potencias totalitarias que, pese a sus profundas diferencias ideológicas, habían establecido un acuerdo para repartirse áreas de influencia en Europa oriental. La Segunda República Polaca fue desmembrada y millones de sus ciudadanos quedaron sometidos a dos sistemas de ocupación.
La propaganda soviética presentó la intervención como una acción destinada a proteger a las poblaciones ucraniana y bielorrusa y a restablecer el orden en territorios cuyo Estado, según Moscú, había dejado de existir. Sin embargo, los documentos diplomáticos y militares conservados permiten situar la operación en el contexto del acuerdo germano-soviético de agosto de 1939 y del reparto territorial de Polonia.
El 17 de septiembre de 1939 quedó así grabado en la historia polaca como el día de la segunda invasión.
No fue el final de la resistencia polaca. Si fue el comienzo de una tragedia aún mayor.
Bibliografía
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Prochwicz, Jerzy, Formacje Korpusu Ochrony Pogranicza w 1939 roku, Warszawa, Wydawnictwo Neriton, 2003. ISBN 83-88973-58-7.
Tarczyński, Marek (red.), W przeddzień zbrodni katyńskiej. Agresja sowiecka 17 września 1939 r., Zeszyty Katyńskie, nr 10, Warszawa, 1999.
Golik, Dawid; Wenklar, Michał (red.), Od września do października. Kampania polska 1939, Kraków, Instytut Pamięci Narodowej, 2022. ISBN 978-83-8229-549-8.

Andrés Chowanczak
Embajador de la Historia de Polonia




