18/05/2023

El nacimiento de las modernas corrientes políticas

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Cuando, después de 1864, casi todas las formas de acción nacional se vieron prohibidas, en la anexión rusa surgió un importante movimiento ideológico e intelectual que en breve se hizo popular entre las capas educadas de la sociedad polaca. Se trataba del positivismo, movimiento inspirado en el desarrollo de las ciencias y en la sociología moderna cuyos adeptos glorificaron la libertad de investigación científica y del pensamiento humano, propagaron un culto de la enseñanza y del trabajo para el bien de la sociedad, y promovieron una reconstrucción capitalista de las relaciones sociales. El positivismo jugó un gran papel en la modernización del modo de pensar de vastas capas sociales. Entre sus principales ideólogos destacan: Alexander Świętochowski, Bolesław Prus y Adolf Dygasiński.

El desarrollo del capitalismo en el Reino de Polonia contribuyó a aumentar el número de obreros que vivían en condiciones de extrema penuria. Los funcionarios rusos no cesaban de perseguirlos a causa de la nacionalidad polaca. Rusia, denominada en aquella época “prisión de los pueblos”, desconocía las leyes laborales vigentes en otros países europeos; tampoco admitía los derechos de los trabajadores a asociarse y a organizar huelgas. No es de extrañar, pues, que entre los obreros naciera un movimiento encaminado a derribar el zarismo, a liquidar las relaciones sociales existentes y a recuperar las libertades nacionales.

La I Internacional, creada en 1864, se manifestó solidaria con los insurrectos en la lucha contra el zarismo. Numerosos polacos, tanto los epígonos de la Gran Emigración, como también los refugiados de la Insurrección de Enero, se encontraron en el ámbito de las ideas de Marx y de Engels. Los artífices del socialismo científico reconocían que las aspiraciones independentistas de los polacos eran no solamente muy justas y legales sino que, además, merecían un firme respaldo porque podían conducir al derrocamiento de los bastiones del absolutismo y la reacción en Europa, a la caída de los estados que se habían repartido a Polonia, principalmente de la Rusia zarista. Esta idea sería más tarde recogida y adaptada a las nuevas condiciones por el creador del partido bolchevique, Lenin. Los emigrantes polacos tomaron parte en las labores de la I Internacional, varios centenares de ellos combatieron por la Comuna de París en 1871. El general polaco Jarosław Dąbrowski, uno de los organizadores de la Insurrección de Enero, fue comandante de las fuerzas armadas de la Comuna de París. Los vínculos de los emigrantes polacos con el socialismo se canalizaban a través de las organizaciones creadas en Europa Occidental y de los círculos marxistas que actuaban ilegalmente en Rusia. En 1882 surgió en Varsovia el Partido Social-Revolucionario “Proletariado”. Entre sus fundadores estaba el joven militante socialista Ludwik Waryński. A pesar de las muy difíciles condiciones en que actuaba, este partido logró organizar a varios centenares de obreros y promover la edición de periódicos y folletos.

Veinte años después de las ejecuciones de los miembros del Gobierno Nacional de la Insurrección de Enero, en la Ciudadela de Varsovia fueron ahorcados cuatro combatientes de “Proletariado”. Pero a despecho de las continuas represiones de las autoridades zaristas y de la postura muchas veces hostil de las clases poseedoras polacas, el movimiento obrero polaco seguía desarrollándose.

En 1892, fue creado el Partido Socialista Polaco (PPS), cuyo programa contemplaba la lucha por la independencia nacional como condición preliminar para la realización de los cambios sociales reclamados por el proletariado. Estas concepciones veían en la clase obrera no sólo al fuerza motriz de la lucha por el socialismo sino también al heredero y continuador de los anhelos independentistas de los polacos. El PPS, muy heterogéneo en su composición, estaba bajo la influencia de las ideas dominantes de los partidos socialdemócratas occidentales. Uno de los principales ideólogos del PPS fue Bolesław Limanowski. De la interpretación y del desarrollo del pensamiento marxista se ocupó Kazimierz Kelles-Krauz. Entre los dirigentes del PPS desempeñó un importante papel Józef Piłsudski.

Una parte de los militantes del PPS llegaron a considerar que los conceptos programáticos de su partido estaban en contradicción con los principios del socialismo. Según los planteamientos de ese grupo, el objetivo final consistía en la construcción del régimen socialista, que habría de aparecer como resultado de una revolución internacional. La cuestión nacional debería resolverse de manera espontánea tras la victoria de esa revolución. Dichos militantes fundaron en 1893 la Socialdemocracia del Reino de Polonia y Lituania, partido que posteriormente colaboraría con los bolcheviques y en cuyas filas se hallaron Julian Marchlewski, Feliks Dzierżyński y Róża Luksemburg. En las tierras ocupadas por Austria y Prusia surgieron partidos socialistas vinculados al PPS. En el Partido Socialdemócrata Polaco de Galitzia se formó el eminente dirigente político Ignacy Daszyński.

A finales del siglo XIX aparecieron también otros partidos políticos modernos. La agencia principal de la clandestina Liga Nacional, cuya finalidad era preparar una insurrección, fue el Partido Demócrata Nacional o Democracia Nacional, encabezado por Roman Dmowski. Este partido procuraba estimular la conciencia nacional, sobre todo entre los campesinos, por medio de la enseñanza ilegal. Sin embargo, poco a poco, se apartó de su ideología insurreccional y se volcó a posiciones conservadoras y nacionalistas.

En la anexión austríaca, durante la época de las luchas por la democratización de las instituciones políticas, fue creado en 1895 el Partido Popular Polaco, un movimiento campesino que se propuso promover un programa nacional en el campo y ganar influencia en cuestiones de orden general, incluyendo también la futura recuperación de la independencia de Polonia. Uno de los más destacados militantes de este movimiento fue Wincenty Witos, que en la Polonia independiente llegaría a ocupar los más altos cargos sin apartarse de su condición de campesino.

El carácter constitucional de las instituciones de los repartos austríaco y prusiano favoreció el despliegue de actividades de las asociaciones políticas polacas. De ahí que Galitzia constituyera en aquel entonces una buena base para las fuerzas políticas del reparto ruso, donde este tipo de actividades polacas sólo podían producirse en la clandestinidad y en medio de las continuas persecuciones propias del despotismo. De las facilidades existentes en Galitzia se valió igualmente Lenin antes de la I Guerra Mundial, dirigiendo desde allí el movimiento revolucionario ruso.

La política prusiana de brutal desnacionalización y expropiación de los polacos contribuyó, a despecho de las autoridades, a consolidar a la población polaca, unida ante un enemigo común. Los lemas de “labor orgánica” y “trabajo en las bases” eran enarbolados por diferentes iniciativas polacas de carácter social, económico y cultural. Se formó una densa red de organizaciones sociales, bancos populares, círculos agrícolas y sociedades culturales. Estas entidades ayudaban en la defensa ante la administración prusiana y contra la germanización. Crecía el número de los polacos que se prestaban a participar en estas confrontaciones sin derramamiento de sangre. Cabe anotar aquí el notable rol jugado por la Iglesia católica. Fue despertándose la conciencia nacional en las masas campesinas de Poznań, Pomerania y Silesia. Entre los obreros de esta última, una de las regiones más industrializadas de Europa, crecía la influencia de la Democracia Nacional. Los alemanes quedaron sorprendidos por los éxitos políticos de un joven silesiano, vinculado a la Democracia Nacional, Wojciech Korfanty, quien actuó brillantemente en el Parlamento del Reich.

Muchos y diversos factores contribuyeron a la conformación de los modernos lazos nacionales. Uno de ellos fue la conciencia de la tradición estatal, la religión común la comunidad cultural. En el reparto ruso, la Iglesia católica era la única institución polaca que ejercía influencia en casi toda la sociedad. Aunque Polonia carecía de su propio Estado y los ocupantes rusos y prusianos no escatimaban esfuerzos para impedir las manifestaciones culturales nacionales, en los repartos surgió un específico mecenazgo social y privado que suplía a las instituciones estatales. Gracias a las becas y fundaciones particulares, la vida intelectual podía desenvolverse en sus más distintas formas. Sabios como Maria Skłodowska-Curie, Ignacy Domeyko, Edmund Strzelecki y otros hicieron célebre el nombre de Polonia en el mundo. De gran renombre internacional gozaron igualmente los escritores Henryk Sienkiewicz y Władysław Reymont, laureados con el premio Nobel de Literatura. Florecieron las artes y especialmente la música, cuyos representantes definieron el carácter de la cultura nacional para decenas de años. Recordaremos tan sólo la fama que tuvo el pianista y compositor Ignacy Paderewski. Sobre este tema remitimos a los lectores a los capítulos dedicados a la ciencia y el arte.

Fuente: “Panorama histórico de Polonia”,

Biblioteca Polaca Ignacy Domeyko

Transcripción: Honorio Szelagowski,

Director de Prensa CiPol